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viernes, 28 de junio de 2013

"BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA"

"BAJO EL MANTO DE LA NOCHE ETERNA"
de Victoria Maroto. 
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La tibia luz de alba rompía las sombras de la noche. Había poco tiempo, el día se acercaba y todo podría echarse a perder.
Ykiv era una joven venida de tierras lejanas, no nacida en Phunt, pero que en poco tiempo había ocupado un lugar relevante entre la comunidad mágica de la ciudad.
Ella tenía un secreto y una mirada que hipnotizaba a todo aquel que osase mirarla a los ojos.
No solía ir a verla, era peligroso, pero aquella noche no pudo evitarlo…debía acudir a su llamada.
Escondida bajo el suelo del santuario dedicado a los dioses se ubicaba. Nadie, excepto ella, podía percibirla. Y qué mejor sitio donde esconderla que en un lugar tan transitado, nadie hubiera pensado que bajo sus pies se encontraba aquella pieza de incalculable valor, dotada de alma propia, de un increíble poder…
Esa misma noche se despertó empapada en sudor, un sueño extraño, un mal presagio la arrancó precipitadamente de los brazos de Morfeo. La premonición era un don que ella tenía desde que recordaba y que le había acompañado toda su vida tanto para bien como para mal.
Hubo cosas que nunca hubiera deseado ver antes de tiempo….pero Ykiv sabía que una vez visto nada se podía hacer para evitarlo…el destino parecía estar escrito a fuego en las páginas de un libro invisible. Tantas veces lo intentó, tantas noches lloró sintiéndose impotente…hasta que se dio por vencida…lo único que le quedaba era aceptar las cosas tal y como venían y aprovechar cada segundo de su vida como si fuera el último, pues nunca fue capaz de cambiar ni una sola coma del futuro que se revelaba en su presente, ella, al menos, no fue capaz. 
Soñó con ella una noche de verano, despejada, mágica, de luna llena. La encontraría junto al arroyo cercano a su casa, semienterrada en el barro, bajo los primeros rayos del alba. En cuanto la tuvo entre sus manos supo que era un arma poderosa, supo que quien la empuñase libraría una gran batalla contra el mal del universo y que en su interior moraban cientos de almas malditas de procedencia oscura.
Ella sería su guardiana y protectora. Su misión era llevarla a un lugar seguro, allí debía reposar, escondida, hasta que fuese el momento de volver a ver la luz. Llegado ese instante sabría cuándo y a quien sería entregada.
Desde que la vio por primera vez, no transcurrió ni un solo segundo para Ykiv. Tenía dieciocho años y toda la vida por delante.
Marchó al día siguiente sin despedirse de nadie, al abrigo de la noche, con lo justo y necesario partió hacia donde le dictaba su propio instinto. Cientos de kilómetros separaban su casa de su destino, nunca había visto otra cosa que no fuese su poblado y sus alrededores, pero en el fondo sabía en qué dirección le guiaban sus pasos. Sin mapas ni ayuda alguna, después de varios meses de duro camino, llegó a Phunt oculta bajo el manto de la noche. Enterró su secreto bajo la atenta mirada de la luna y las estrellas, esperó a que las luces del alba anunciasen la llegada de un nuevo día y se presentó ante el rey Oravla. 
Solicitó que la llevarán ante el sabio soberano, pues había oído tan solo buenas palabras a cerca de aquel que llamaban el regente sabio, magnánimo y poderoso.
- Ante su divina presencia me hallo ofreciéndole lealtad eterna – expresó arrodillada ante el rey Oravla con la frente apoyada en el suelo.
Tras unos segundos en la misma posición alzó la mirada en dirección al rey. Sus ojos verdes, su bella juventud, su mirada hipnótica…no enmascaraban su poder, más allá de su aparente fragilidad, ella desprendía una energía arrolladora.
Con un gesto, el rey le indicó que debía levantarse y así lo hizo. 
- ¿Cuál es la razón por la cual compareces ante mí? – preguntó.
- Ser su más fiel súbdito – adujo -. Convertir su pueblo en el mío propio. 
- Desconozco quien eres y de dónde provienes – comenzó a explicar el rey – pero en ti veo la fuerza y la valentía de a quien se le tiene encomendada una gran misión. Phunt será desde hoy tu hogar y en él encontrarás la protección que necesitas.
Oravla supo en cuanto la vio que su destino era mágico y que era su deber no interponerse en los designios que el propio universo había interpuesto sobre aquella muchacha, sobre su pueblo y sobre él mismo. 
Ykiv, por su parte, con una reverencia, expresó su agradecimiento. 
No se hicieron más preguntas, ni se dieron más explicaciones.
Más de trescientos años pasó la guardiana al servicio de la magia como suma sacerdotisa de Phunt. Su juventud eterna era conocida de uno a otro confín, tan solo sus ojos, su mirada centenaria, la delataba….pero su secreto únicamente pertenecía a ella y a las estrellas.

....CONTINUARÁ......

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